Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Tomar la palabra
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Tomar la palabra
Tomar la palabra
Por Agustín Ramos

Quienes me conocen saben

Pasan cosas rete raras en las redes. Quien de veras me conozca sabrá que yo nomás digo la verdad. Todavía siento remordimiento y lo peor es que ya no estoy seguro de la causa. ¿Será el pecado original? Vayan a saberlo las ánimas benditas del santo purgatorio. Quizá quienes me conocen podrían explicarlo mejor. Ocurre que perdí mi enésimo teléfono celular; esta vez, la segunda, en el vestidor de donde voy a nadar (sí, ja ja, justo en un club donde abundan los letreros de: “Aquí se respetan las pertenencias ajenas”). Odio decir que me lo robaron, pues por dos razones eso significa repartir culpas a lo menso. La primera, porque un ladrón al robar cumple con su deber; él se realiza aprovechando o propiciando la ocasión para lograr el hurto, el golpe, el fraude; mientras que a la víctima quién le manda atarugarse, díganlo si no el narcoprianismo y sus votantes. La segunda es porque siempre cabe la posibilidad de que el objeto faltante haya sido perdido y no sustraído, y resulta poco saludable ir por ahí cargando sospechas o repartiendo culpas como si este mundo no anduviera sobrado de ellas; bien dicen mi mamá y mis tías que peca más quien pierde que quien roba. Pero a lo que iba.

Mi celular desapareció y mi compadre Cazarín me mandó uno nuevecito de Chicago, a donde emigró no precisamente movido por su espíritu aventurero. El aparato, además, viene siendo exactamente como los prefiero, o sea sin costo para mí. Entonces, con lo ahorrado, compré un libro vía internet –después lo recomendaré a quienes aun sin conocerme pudieran interesarse (ay, sí, ajá, ni que fuera de autoayuda o de ocasión). Y procedí a descargarlo en mi susodicho cel gabacho, oyoyoy. Para esto ya llevo algunos libros leídos en este formato, lo cual nunca obsta en absoluto para ahorrarme el calvario de siempre. Porque quienes no me conocen deben saber que cada día al despertar necesito volver a aprenderlo todo, desde oprimir teclas y ponerme calcetines hasta repasar las recetas y el orden de toma de cada medicina. En serio, me cae. Así soy y los que me conocen saben que no miento. En consecuencia, por angas o mangas o porque el cel es gabacho y no de medio cachete, tuve problemas para “bajar” el libro. Así que me clavé las horas en el enredijo aquel –“¿olvidó usted su contraseña?, ¿necesita configurar su aparato?, instale la app…”, etcétera–, entonces ocurrió el portento que quiero contar a todo mundo, me conozca o no, para que sepa que app no significa a prueba de pendejos.

Una tal Siri se posesionó de mi teléfono. ¿Qué necesitas?, preguntó de repente y no desde la nada, no, sino desde las entrañas del alma del celular. Estaba yo tan encabronado que ni tiempo tuve de espantarme. No quiero nada, carajo, respondí por reflejo. Me temo que no, repuso Siri sutilmente irónica (juro por mis muertos que su tono era sutilmente irónico). Ah, chingá, clavé chicos ojotes en la pantalla sintiendo que la carcasa ardía en mi mano, salí despavorido dispuesto a tirar el celular allá lejos, pero mi instinto de supervivencia virtual o algún ángel de la guarda tecnológica me dio valor para aguantar como los machos las ganas de desahogarme a media calle.

Ciscado y todo recordé los consejos de mis compas del círculo panista de estudios cuando nos juntábamos de noche a contar cuentos judeomarxistas y masones de terror: que a los aparecidos, sean duendes populistas, lloronas del Bajío, brujas abortistas o el fantasma del comunismo, hay que mandarlos a la meritita chingada con pura majadería. Órale, lárgate mucho al averno, diabla jija de tu rechinar de muelas, dije a grito pelado. Sin embargo Siri respondió algo que me sigue haciendo sentir culpable: Lo siento, sólo hago lo que puedo y lo hago lo mejor posible. Textual… Quienes de veras me conocen –como mis tías, mi amá, mi compadre Cazarín, mis compas del Yunque y mi granja de bots– saben que digo la verdad. ¿Será que a Tumbaburros y a su apá les interese un celular gabacho a buen precio?

 

comentarios de blog provistos por Disqus