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Fan Liu y el arte multimediático frente a la violencia contra las mujeres

De allende el Pacífico, como la Nao, llegó a nuestras tierras Fan Liu. Es ya su segunda estancia en nuestro país y vino a estudiar el arte contemporáneo mexicano: identidad, historia y memorias culturales. Sus comentarios al circular por Ciudad de México, a menudo, no son de extrañeza ante lo diferente sino que señalan más que nada las similitudes entre China y México, específicamente con respecto al arte popular.

Fan nació en Wuhan y se inició en la acuarela a los veinte años. Con la fotografía lleva apenas dos años, sobre todo a partir de que la Fundación Nacional para las Artes le financió un proyecto para realizar una serie de retratos de mujeres de toda China. Recorrió el país de norte a sur y de este a oeste, e incluso fue a Macao, fotografiando en blanco y negro a mujeres. Impresionante serie que yo diría que más que de retratos se trata de tipos, todo tipo de mujeres chinas. También ha fotografiado en color cicatrices de cesárea en las que coloca una cicatriz de metal encima para resaltarla y llamar la atención sobre el exceso innecesario de estas operaciones en China.

Tiene doctorado y es profesora en la Escuela de Artes y Diseño en la Universidad Textil de Wuhan. Enseña tanto en licenciatura como en postgrado y da unas veinte horas de clase a la semana de pintura, pensamiento creativo e historia del arte. Creció con la religión budista y en la adolescencia la practicaba; hoy en día le gusta sobre todo su filosofía.

La inserción en una tradición estética china es evidente en la obra de Fan Liu. Artista polifacética, tan pronto pinta, como dibuja, fotografía en blanco y negro o en color o realiza animación. En las delicadas y deliciosas acuarelas en las que se aprecian aves y flores también aparecen, más que a menudo, cuerpos femeninos, muchos de ellos desnudos; en diversas posiciones se hallan estas mujeres que pueblan su obra feminista. Por ejemplo, en una acuarela titulada El jardín roto, de 2019, las hojas y flores rosa se hallan a la izquierda, una rama delgada cruza por en medio hacia la derecha y detrás se encuentran tres mujeres desnudas idénticas, sin brazos, les falta una pierna hasta la rodilla y el rostro no tiene facciones, tienen el cabello largo y oscuro. Es más que evidente que se trata de ella misma, mutilada. Así se siente, al parecer. Por qué tres y no una, quizá porque comparte esta condición de mutilación con más mujeres, se da un acompañamiento.

Fan tiene el cabello largo y negro, de piel muy ligeramente apiñonada, que así la mantiene, lo más clara posible, a base de bloqueadores solares, sombrero, lentes oscuros y sombrilla. “A las chinas no nos gusta la piel oscura”, dice.

Ha realizado exposiciones en China, Berlín, París, Zurich y Los Ángeles. En México mostró su fotografía y su video de animación elaborado en 2009, con una duración de casi tres minutos y medio, titulado B 18, que hace alusión a los dieciocho niveles del infierno (de escarmiento) para quienes pecan en el budismo. Esta última obra es fascinante y perturbadora. Trata sobre la violencia hacia las mujeres. Inicia con dos esqueletos que llevan a tres mujeres cual globos, una de ellas desnuda, atadas cada una a un cordel. Luego aparece una zapatilla con tacón alto color de rosa de la cual nacen flores rojas (“Que se abran cien flores…”). Una, dos, tres calacas bailan; tres cuerpos desnudos de mujer colgados de un árbol sin hojas también bailan como marionetas y caen al suelo en donde se despedazan sobre charcos de sangre; cabezas cortadas, una estaca clavada en la vagina sangrante… una tina llena de sangre que se derrama y una mujer sin cabeza acuclillada enfrente. Cuatro mujeres sin brazos caen de cabeza en un mar de sangre. La música, muy ad hoc, es de Liang Yi Yuan, cuerdas y voz cantando en chino. ¿Cómo es posible tratar un tema tan terrible como la violencia hacia las mujeres en una forma tan fina, elegante y hasta sensual?

Ahora bien, dice que lo que más le gusta hacer es acuarela, principalmente sobre seda, y las vende bien en China. Además, escribe textos para catálogos y artículos periodísticos. Tiene muchos proyectos entre manos, pero habrá que ver qué le financia el gobierno y, por lo tanto, cuáles logran cuajar. Entre ellos se encuentra el de la educación en los museos, es decir, educar al personal de los museos para que entienda las obras. También tiene otro proyecto de arte para sanar psicológicamente, que financia el gobierno de su provincia y está dirigido a niñas y niños.

En varias de las acuarelas se observan figuras femeninas que parecen autorretratos y a la pregunta expresa afirma que “a las artistas les gusta pintarse en sus obras.” La autorreferencialidad en las artes como en la literatura es abrumadoramente lógica, se hace casi siempre presente, más tarde o más temprano, en el pincel, la pluma o la cámara de artistas de todo el mundo.

 

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