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Viaje al centro de la catástrofe
'Zona de tolerancia', Ramón Méndez Estrada, Mantra ediciones/La ratonera Cartonera, México, 2019.
Por Vanessa Téllez

“Orgánica” serÍa la palabra que definiría a la antología Zona de tolerancia, del poeta infrarrealista Ramón Méndez Estrada, misma que recoge poco más de cuarenta años de trabajo poético y crítica social.

Publicada en conjunto por La ratonera cartonera y Mantra ediciones, la antología consta de poemas seleccionados en vida por el propio Méndez y evidencia la fiebre que el poeta mantenía por su existencia misma, así como la observación que lo hizo razonar sucesos de la cotidianidad en apariencia intrascendentes, pero alquímicos para todo aquel que fuera capaz de analizar más allá de su egocentrismo.

Zona de tolerancia es también germinal, porque recoge no solamente los poemas que mejor definen al infrarrealismo sino, además, irradian otras áreas del poeta en las que mantuvo interés, como el amor o la pasión.

Cada poema que Méndez Estrada recopiló, exuda el gozo por la vida que se consume en cada pisada. El lector hará un paso y repaso por poemas que son una sátira del superhéroe inexistente, pero que al mismo tiempo subraya y se ríe de aquello que, aun siendo incomprensible, rige el comportamiento del mexicano.

La poesía de Méndez Estrada no sólo señala el colapso de su cuerpo, asiste con calma al andar del tiempo repasando otros aspectos orgánicos que también caen por su propio peso. No obstante, el yo poético no aparece en el naufragio, pues la resistencia con que explica el final es la isla donde se percibe una intención ensayística. Los poemas de Méndez Estrada trascienden la armonía del verso para ejecutarse con más potencia en la argumentación del ensayo. El verso siguiente lo explica: “Y me seguí de frente hasta estallar la frente con la nada.” O este otro: “No supe si ardía yo ni si era toda la luz tu llamarada.”

Méndez Estrada no sólo fue un poeta observador; sigue siendo un poeta necesario. La vigencia de su poesía radica en la honestidad con que fue edificada. Otro verso repasa la raíz del infrarrealismo hasta sus últimas consecuencias: “Nunca fui un cordero, cierto. Pero entre los lobos, fui un santo.” Méndez Estrada lo supo y, todavía hoy, los que mantienen el último fuego del movimiento surgido a finales de los años setenta lo saben: es posible que la animalidad sea la única forma sincera de supervivencia. Aunado al análisis de lo humano, los poemas sacuden otras formas de existencia menos orgánicas pues, como sugiere el autor, este es el país donde la oficialidad inicia el desastre, donde persiste contra irrupciones de crítica la retórica del “valemadrismo” público y nacional.

Ensayístico, poético y de talante contestatario, Zona de tolerancia es un necesario y urgente repaso de la memoria y por la memoria que incita al temido ajuste de cuentas social. Un último verso: “Esa noche mi corazón viajaba hacia el centro de la catástrofe.”

 

 

 

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